LOS ZOCOS DEL INFIERNO XI

Pescadores
El bueno de Osama nos miró con sus ojos de buey y luego enseñó sus dientes caballunos a un público ávido de experiencias y aventuras, sin demasiados riesgos.
Dediqué una mirada al pequeño auditorio, parejitas de unos veinticinco y algún que otro vejestório.
“Los que quieran ver la presa, no podrán ver Abu Simbel.” casi inmediatamente se produjeron suspiros de desaprobación y de rechazo. A mi también me pareció un poco raro.
“¿… acaso alguien quiere ir a los dos sitios?” el silencio fue sepulcral.
“Bien, en ese caso, deberán elegir entre un sitio u otro.” volvieron los suspiros generales de desaprobación.
“De todas formas, tenemos previsto que si hay suficientes personas interesadas en las dos visitas, podemos solucionar el problema.” Nadie dijo nada.
“¿Alguien quiere hacer las dos visitas?” Nada.
“Bien, entonces los que quieran hacer la visita a Abu Simbel, se tendrán que esperar a que venga mi amigo Hassán para que les explique un poco las condiciones, horários y precio …” uno de los asistentes con aspecto de jugador amateur en la liga de baloncesto de algún instituto perdido en los Monegros, levantó la mano.
“Perdón, nosotros …” y dirigió una mirada a un individuo de características afines pero sin gafas. “… quisiéramos ir a la presa.”
“Perfecto, allí verán la magnitud de esta obra sin igual y …”
“Pero también quisiéramos ver Abu Simbel.” interrumpió el jugador de baloncesto, a lo que siguió un extraño silencio por parte de todos.
“Vaya, esto es un poco irregular, porque si van a Abu Simbel no pueden ir a la presa, pero en todo caso, si fuésemos más personas, podríamos … ¿alguien más quiere hacer las dos visitas?” Silencio.
Groucho
“Bueno, en ese caso, vamos a seguir apuntando a las personas que quieran ir a la presa.” Una parejita de unos veinticinco años levantaron la mano al unísono.
“Nosotros queremos ir a Abu Simbel.” Dijo la joven rubita de grandes ojos azules.
“¡Espléndido!”
“Però es que también queremos ir a la presa.”

¡Joder!, pensé, … esto va para largo … así que me levanté y me fuí a la cubierta del barco. Mi hermana me dedicó una mirada de complicidad.
(Continuará …)

~ por Cesc Fortuny i Fabré en Febrero 23, 2007.

Escribe un comentario