Pequeña guía de viaje al pueblo sin calles V

He perdido todo rastro, toda pista. ¿y mi mente? Ya es imposible seguir mi propia sombra.
Autobuses poblados de rostros vacíos, expresiones que como la mía, no rebelan nada, al trabajo o al volver de una orgía doméstica, privada y cutre.
Chimpancés domados que dormirán su miedo con excesos de trabajo o de fiesta.
Cada jornada me acerca más al absurdo y me pregunto, ¿qué me mantiene vivo? ¿qué puede ser tan fuerte? ¿qué permite que luche sin tregua alguna contra este hastío? contra este vacío. No sé que es peor, si el trabajo o el aburrimiento en el fin de semana, un aburrimiento que se ahoga en alcohol. El aburrimiento sabe nadar …
Cuando su manto plateado baña las crestas de los edificios, tengo fe.
Si yo tuviera el botón en el bolsillo no dudaría en detonar la bomba. Por eso tengo fe. Mientras sienta odio, estaré vivo. Mientras ella esté ahí arriba … Su manto termina por bañarme a mi también. Esa pelota redonda y grande que a veces nos contempla columpiándose entre las antenas, saltando en un colchón de cemento y persianas cerradas. Cuanto más llena está más miserable me siento, con los pies hundidos en la basura de esta ciudad de mierda. Ella me insulta con su presencia y con su luz aterciopelada con su puta altanería de luna llena y madrugona.
Odio a mi gente porque me hacen sentir miserable porqué ellos son miserables, odio a mi gente. Los odio porque me parezco a ellos, los odio porque no puedo dejar de ser como ellos, los odio porque los odio. A veces sueño con explosiones y todo revienta, todo se funde. Me gusta imaginarla ardiendo, me gusta imaginarlo aunque solo sea por un instante.
En ocasiones la luna llora sobre el cuervo y me dejo mojar por esa lluvia bastarda y me arrodillo en el asfalto brillante y acaricio despacio al cuervo antes de que el próximo coche me aplaste los sesos contra el lomo negro de la serpiente.
En la ciudad la lluvia se lleva nuestros recuerdos, prepara las calles para nuevas orgías de fin de semana, nos hace olvidar quienes somos y nuestras miserias.
Me visto de cuervo con cuero negro. De rodillas me visto de asfalto, despacio, abro los ojos mirando al cielo. Es ahí donde quiero estar, ¿lo veis? Allí donde los chimpancés se cuelgan de los árboles, donde los hombres pierden su corbata y pasean al perro. En ese lugar especial donde las hojas caen meciéndose hasta acariciar el suelo. Allí.
Amo cada ladrillo y cada mata de hierbajos. Cada garrapata y cada charco.
Allí donde los ojos se alimentan de videoclubs y las ambulancias vienen a buscar sus cadáveres, en ese lugar en que el atardecer viene al encuentro de los últimos autobuses y mi padre vuelve a casa. Allí, allí yo soy el hijo pródigo. Porqué he nacido allí, porqué me he criado allí, es su belleza la que me abruma, pero en el fondo también quiero a esta ciudad. Es allí donde me espera ella tejiendo y donde yo tensaré el arco para ser reconocido. Sera en una apacible tarde primaveral, con nubes forenses, rojas como el hígado de un niño. Y con la dulce brisa, volveré a casa para ser querido hasta mi muerte.
Esto es lo que obtengo cuando soy un niño bueno, me asquea ese vigilante obtuso disfrazado de ventana, fisgón maníaco que arrancándote el pudor termina transformándote en un animal enorme y sediento de morbo. Consumiendo litros de cerveza en una mierda de sofá. Enormes cetáceos peludos que gritan a sus mujeres para soltar su rabia mientras miran un aburrido partido de fútbol.
El turno de ellas ha pasado, vivimos por turnos, las mujeres tienen su momento durante la tarde, en las telenovelas, hasta que llegan los cetáceos, entonces hay que pararlo todo y dejarles espacio, son ciudadanas de segunda. No somos machistas, simplemente unos hijos de puta consentidos, malcriados por nuestras madres. Sin solución.
Cuando no puedo dormir, me postro abandonado a mi propia realidad, no gozo de la compañía del fisgón maníaco, y tampoco siento afición por el humo, me tengo que joder. El insomnio a veces se pasa mejor si fumas. No es mi caso.
¿Os suena muy ajena la ausencia de Dios? Vagando y vagando como ratas.
Aquí fuera estamos todos muertos, al abrir la boca se nos escapan bocanadas de humo helado, el corcel de nuestras almas en este invierno sin resultados, jodidamente vacíos y nulos.
Te quiero, aunque solo sea por consolarme, aunque solo sea por compadecerme, te quiero. Deja que me sienta un poco más humano, en esta noche sin esperanza. ¿no te das cuenta? Cuando te digo que te quiero, ¿no ves el alcance de mis palabras? ¿no ves que nos estamos pudriendo? Sin embargo me pregunto como puedo verte tan hermosa. Mi muerte está casi asumida, pero tú …
Dame tiempo, permite que vuelva a engañarme, que me transforme en un asno, fabricando mis propias zanahorias. Quedan ya pocas excusas, y estoy agotando los recursos. Muy cerca, tras esas dunas, encontraré la frontera que me separa de la cordura.
El insomnio es mi aliado, mi amigo. El que me otorga esta clarividencia, esta lúcida locura. Pero debes dejarme hacer mi trabajo, beberte de un sorbo firme, tras ello vendrá certera tu muerte y seremos libres. Yo sé que esta ciudad me escucha, me presta su túnica, Caronte está cansado de los viajes, y con ella la máscara de terror con la que accederé al baile. Este es el verdadero sonido de la muerte, la bestia desnuda sin incremento ni consumo, sin ambiciones. Su cuerpo incomprendido, meciéndose en la lujuriosa y fundida complacencia.
Los condenados han vuelto a casa, tienen tres noches antes de afrontar la muerte, deberán condensar la vida en un intercambio desesperado de fluidos. El mejor polvo de su vida. Luego regresarán voluntariamente al cadalso.
Convencedme, os lo ruego. Convencedme de que todo esto no es en balde y liberadme de este lapidario peso.
He abierto las puertas, me prometisteis un paraíso, y sin embargo aquí no hay nada. Que bonito era hablar de la muerte cuando esa palabra carecía de sentido. Mis peores pesadillas son ahora el reposo del guerrero. Siento más que nunca estos días luminosos y llenos de dolor. Este sol rojo y brillante me está matando. Pero todavía me queda esperar un poco más, solo un poco más …
Siempre crees que va a ser algo lúdico, pero termina siendo parte de tu infierno. La serpiente despierta y sale ansiosa de la botella, debemos frotar su cuerpo, pegar sus escamas en nuestras manos profanas purificarnos con su luz. El dulce veneno verde, adormecerá mi mirada y la volverá amable. Será mentira, ya lo sé, pero será dulce y agradable. Las mentiras del resto del mundo duelen mucho más. La serpiente no es mi amiga pero finge serlo, me acaricia con su falsa beatitud.
Invoco a la serpiente abriendo la botella, y después del sexto trago, el calor de mi estómago me sube a la cabeza.
Puedo hablar con ella, y finge sus respuestas es una amante cálida y fiel. Sus celos aparecen a la mañana siguiente en forma de jaqueca. Es cruel cuando se siente amenazada, pero a pesar de eso siempre responde cuando la llamas.
Soy consciente del veneno que trago, pero aún así quiero mi pedazo de paraíso. El amargo néctar que me quema la garganta mientras a oscuras me tumbo en el suelo de mi habitación y me abandono a ese exceso que me hace sentir más próximo a la tumba.
Somos una generación de fascistas disfrazados, con nuestra túnica de buenas intenciones y nuestros juicios … y la democracia, nuestro gran logro, nuestra plaza fuerte en el descampado desolado de la locura colectiva. Una mierda de gente. Y encima tengo que sonreír, que disfrutar de todos los chistes que, lo siento, no me hacen ninguna gracia.
En esta oruga de metal el tiempo se detiene, el tiempo siempre se detiene cuando te encuentras mal, pero corre como un cabrón cuando estas disfrutando, y disfrutamos tan poco …
(continurá …)
Cesc Fortuny i Fabré
~ por Cesc Fortuny i Fabré en Octubre 10, 2008.
Escrito en MEMORIAS DE LA COL LOMBARDA







El aburrimiento sabe nadar ….
Esperaremos ansiosos la continuación de viaje alucinante, vale la pena.
Muicks
Rabia fúnebre repleta de balazos y esas garrapatas eróticas que chupan como condenadas. Un disparo, abre los ojos, baja las manos, me presento, te ato, te cuento un chiste sin saber contarlo, era todo broma, no, no era broma, sudamericano entrometido por qué, porque así está escrito, vuelan las plumas dentro de la habitación y un gato somalí sale maullando hacia las cornisas de una estación cubierta de niebla.